Despertarse con dolor en el pecho y no saber si es la gripa o la circulación o la tristeza o todo al mismo tiempo.
Qué quien escucha no lo haga hasta el final sino que arme su propia versión de acuerdo a aquello que imagina antes de haber escuchado.
Querer estar solo o con alguien que pueda vivir la soledad junto a uno y sin embargo verse rodeado de gente, comentarios e historias cliché. Mostrar la máscara social mientras se quiere estar solo.
Amar demasiado y recibir una sonrisa cada varios días.
Creer que hay un puente para llegar a alguien. Cruzarlo con expectativa para encontrar a ese alguien mirando hacia otro lado.
Olvidar la letra de una canción en el momento menos propicio
Crear el poema más hermoso del mundo mientras va uno en Transmilenio y luego olvidarlo en el momento de querer escribirlo.
Llegar de un viaje y que el recibimiento sea un: te estaba esperando para que ayudaras a sacar la basura.
Esperar un hermoso amor durante un año para que luego se vuelva un final tranquilo y aburrido
martes, 29 de octubre de 2013
sábado, 28 de septiembre de 2013
El encanto de las notas
Un amigo me decía que los niños chinos deben empezar a escribir un diario a eso de los cuatro años. O al menos, así lo tuvo que empezar a hacer su hijo, mitad chino, mitad colombiano; aunque nacido en China.
Pareciera que ese país sigue siendo más una cultura escrita a pesar de que el mandarín ya es obligatorio. Antes, "tocaba escribir o escribir para entenderse entre provincias", me decía el papá de una amiga que emigró de Cantón a Beijing. Otra anécdota que me contaron es la de un funcionario de la Embajada de México que decidió salir solo en su carro y perdió el camino del lugar a donde iba. Intentó preguntarle a un hombre chino que montaba en bicicleta; este lo único que hizo fue escribir algo en un papel, entregárselo e irse. El funcionario,desilusionado, decidió volver a la embajada. Cuando alguien le tradujo los caracteres del papel, resulta que decían algo así : Querido y apreciado extranjero: iré a buscar a alguien que lo pueda ayudar mejor que yo. Le pido que por favor tenga la amabilidad de esperarme.
Todo este rodeo lo he dado solo para hablar de la escritura, no como periodismo o mejor dicho, no como escritura publicable, sino la escritura de notas para uno mismo o para otros, sin ningún fin económico. Recuerdo que una vez fui a la exposición de un artista argentino cuyas obras fascinantes estaban compuestas por pedazos de notas escritas, esas que se hacen casualmente en cualquier lugar, en la mano o en la parte de atrás de un cuaderno.
El otro día me di cuenta de que la mitad de la biblioteca familiar (mi mamá y yo) está compuesta por notas. Notas de las que a veces no nos queremos deshacer.
Mi abuela fue la primera persona que me enseñó a escribir a los cuatro años en letra cursiva. Cuando falleció, encontré muchas notas cotidianas relacionadas con diversos asuntos familiares. Y en otros cuadernos, los teléfonos de sus amigos con quienes se mantenía en contacto estrecho. Guardé una de ellos, por pura nostalgia.
Mi abuela fue la primera persona que me enseñó a escribir a los cuatro años en letra cursiva. Cuando falleció, encontré muchas notas cotidianas relacionadas con diversos asuntos familiares. Y en otros cuadernos, los teléfonos de sus amigos con quienes se mantenía en contacto estrecho. Guardé una de ellos, por pura nostalgia.
Yo antes acostumbraba a ser más estricta con mis diarios: uno para las experiencias tipo "conocí a mi príncipe azul", otro para los apuntes de citas tomadas de libros, otro para intentos de cuentos, poemas, otro para periodismo, otro para el viaje, etcétera. Y cuando se me perdía uno de ellos podía verme a punto de enloquecer porque a cada uno debía pertenecer un cierto tipo de escritura.
Últimamente, aunque todavía estoy obsesionada por cierto orden en mi cerebro, he descubierto que la magia de los cuadernos y libretas es transformarse. ¿Por qué no pasar de los apuntes personales al apunte tomado de una revista y de ahí a cualquier palabra que se escuchó en la calle? Tengo también uno de dibujos con cuentos cortos que se convirtió en sede de poemas mediocres. El diario de apuntes personales lo conservo aun, pero de vez en cuando paso del español al chino, así varía un poco.
Cuando estuve en China lleve un diario y hojas de notas. Antes de regresar, duré noches enteras transcribiendo papelitos que solo me servirían a mí después. Especialmente, cuando me despierto de mal humor, busco mi diario y evoco la sensación de la mañana allí o me río con un chiste que alguien me contó un día y quedó registrado.
He escrito pocas notas pfísicas para otros, quizá para aquellos con quienes he mantenido una estrecha amistad o de quienes me he enamorado en algún momento de mi vida.
Las notas tienen otra cosa y es que se van desechando y van volviendo. Un día las miramos con amor y otro día se van directo a la caneca de la basura.
Lo que puedo decir es que he podido despegarme de personas, libros y lugares; pero no de muchas de mis notas, consuelo en la soledad y a la vez mi posible perdición porque ¿no debería uno vivir del todo en vez de robarle un pedazo a la vida para convertirla en palabras y evocaciones?
"He leído con frecuencia que las palabras traicionan al pensamiento, pero me parece que las palabras escritas lo traicionan todavía más".Yourcenar en Alexis o el tratado del inútil combate.
viernes, 27 de septiembre de 2013
Después del placer
¿Habrá algo más estridente, divertido y absurdo que el barrio Restrepo? No creo que haya otro lugar donde se encuentren mejores desayunos, en especial, los humeantes pandebonos. Pero hablemos más bien de los edificios porque parece que no hubiera nada inalcanzable en sus ofertas; como los moteles con su especial retoque de rosados, morados, plateados y amarillos pollito; con sus puertas de media luna y sus típicos pinos en la entrada ¿Vegetación e invitación a la lujuria? Los nombres, cuyos temas rondan entre las brisas marinas y suaves, dominan el frente antes de ingresar a las calles comerciales donde se encuentra de todo. Me refiero a que si alguien necesita un par de zapatos, unas gafas, un vestido; o si de pronto, en medio del placer, se le despegó una muela o le dio un dolor de cabeza; a la vuelta encontrará las tiendas, la odontología y las EPS. Iglesias para el arrepentimiento, bancos, tiendas naturistas, restaurantes vegetarianos, asaderos de pollo, bares, venta de artículos de cuero; todo se extiende hacia el occidente de los moteles.
La imagen que más me causa risa de Restrepo y sus alrededores es la que veo cuando voy por la avenida Caracas hacia mi casa. Primero un motel iluminado con varios carros al frente, luego varias tiendas de lechona y por último, el aviso gigante en un muro que ocupa toda la cuadra: PROFAMILIA.
La imagen que más me causa risa de Restrepo y sus alrededores es la que veo cuando voy por la avenida Caracas hacia mi casa. Primero un motel iluminado con varios carros al frente, luego varias tiendas de lechona y por último, el aviso gigante en un muro que ocupa toda la cuadra: PROFAMILIA.
jueves, 26 de septiembre de 2013
Los que un día entraron
A la
hora que podemos llamar noche (no gozamos de la estación de verano hasta las
doce) la oscuridad invasiva deja a los pasajeros acurrucados sobre las sillas
como niños; cabecean en sus inmensas soledades y pesadillas de cansancio. Y en
medio de la confusa bruma en que nos sumergimos quienes despedimos el día y
cuyas esperanzas residen por completo en una almohada caliente; aparecen unos
hombres de jeans y camisa, con los pantalones caídos, a veces; con las gorras
ladeadas, de pronto; y con equipos de
sonido en las manos, nos obligan a dejar la somnolencia y el libro y nos
sumergen en su rap hecho de trozos de TLC, Jesucristo, sonrisa, el dinero no lo es todo, paras,
falta de educación, vicios regenerados, calles a las que volvió la luz,
explotación y miseria.
Prefiero todavía, la improvisación reposada,
aquella que toma las noticias del día y las vuelve música, al tiempo que
intercala diálogos con nosotros, los ya sonámbulos alegres de la negrura
bogotana.
Prefiero
todavía cuando sube una pareja; el contraste de sus voces me saca de la
introversión de mis libros.
Prefiero
todavía, escuchar sin escucharlos, y más bien volver a reconocerme en las caras
de los hermosos semidormidos del Transmilenio.
Entonces
uno saca tantas monedas y las puertas se
abren y los chicos de jeans desaparecen mientras cada uno de nosotros vuelve a
poner los ojos en su punto fijo; mientras con el movimiento, el tiempo avanza o retrocede y cada uno de
estos seres se vuelve un cualquiera, un rapero más que subió un día y desaparecerá
en algún recoveco de la propia memoria.
sábado, 31 de agosto de 2013
Escritura
Al principio, tendí a creer que lo profundo nacía de la mente; razonamientos y laberintos; la libertad de las palabras era un cúmulo de ideas apretujadas que debían encajar y expresarse de manera sostenida y hábil.
Luego, la muerte de todo lo que creía ser, me pegó una sacudida tan fuerte que al principio la comparé con una avalancha.
El dolor y alivio de ver a mi abuela en un ataúd (cuando murió mi padre nunca vi su cadáver y a menudo tuve malos sueños con eso), me condujo a la música,el tango, sobre todo, y el placer de la lentitud del cuerpo. No el placer de la soledad de la mente que piensa sino del cuerpo en soledad, no que razona o siente, sino que es. Por qué las manos, por qué la espalda adoptando tal postura, por qué el cuello,se han convertido en preguntas más importantes que cualquiera sobre como mejorar el mundo.
Aunque quizá sea demasiado prematuro decirlo, las palabras, como brotes en la tierra que ha dejado una avalancha, encuentran raíces. Solo volviendo al cuerpo que es otro y es él mismo he vuelto a encontrarme con un mundo que parecía desértico debido a ese algo que se vuelve irrecuperable; ya nada será, aunque todavía algo se gesta, a paso de tortuga, pero firme.
A veces cierro los ojos y escucho, solo escucho. No es que no exista la nostalgia, pero al menos ya hay donde alojarla.
Es entonces cuando elijo, sobre lo demás, el camino interior.
"Fue mi cuerpo el que me proporcionó las primeras alegrías.Recuerdo la belleza casi sagrada del pan, el humilde rayo de sol que me calentaba la cara y el vértigo que me causó la vida" Dice Marguerite Yourcenar en Alexis o el tratado del inútil combate.
Luego, la muerte de todo lo que creía ser, me pegó una sacudida tan fuerte que al principio la comparé con una avalancha.
El dolor y alivio de ver a mi abuela en un ataúd (cuando murió mi padre nunca vi su cadáver y a menudo tuve malos sueños con eso), me condujo a la música,el tango, sobre todo, y el placer de la lentitud del cuerpo. No el placer de la soledad de la mente que piensa sino del cuerpo en soledad, no que razona o siente, sino que es. Por qué las manos, por qué la espalda adoptando tal postura, por qué el cuello,se han convertido en preguntas más importantes que cualquiera sobre como mejorar el mundo.
Aunque quizá sea demasiado prematuro decirlo, las palabras, como brotes en la tierra que ha dejado una avalancha, encuentran raíces. Solo volviendo al cuerpo que es otro y es él mismo he vuelto a encontrarme con un mundo que parecía desértico debido a ese algo que se vuelve irrecuperable; ya nada será, aunque todavía algo se gesta, a paso de tortuga, pero firme.
A veces cierro los ojos y escucho, solo escucho. No es que no exista la nostalgia, pero al menos ya hay donde alojarla.
Es entonces cuando elijo, sobre lo demás, el camino interior.
"Fue mi cuerpo el que me proporcionó las primeras alegrías.Recuerdo la belleza casi sagrada del pan, el humilde rayo de sol que me calentaba la cara y el vértigo que me causó la vida" Dice Marguerite Yourcenar en Alexis o el tratado del inútil combate.
domingo, 11 de agosto de 2013
Ilusión o vacío
Ahora que nada existe
o quizá
la fila de atardeceres rota en el ir y venir
de pasos
aquí allá,
allá aquí
Ahora que nada existe
o de pronto solo los crisantemos viejos
la arena vacía al otro lado del puente
Ahora que no
sin embargo
enredado sobre el desnudo fondo
el negro silencio en tu sonrisa
la sonrisa en un negro silencio
abrazo devorado
envoltorio de luz
Tic, tac
Oh, cuánto he esperado
este detenerse del sol
frente a la estación de tren
este beberse a sí mismo del tiempoen una súbita fuga de luz
Publicado, según me contaron ya que no lo he visto, en el Magazín de El Espectador del 7 de agosto de 2013
sábado, 3 de agosto de 2013
Suzhoujie
El puente devorado por la
multitud. En la noche, el café caliente de abajo donde todo huele a pan y fruta y fresca; arriba, los discos y por encima de todo el
desorden, como siempre que existe la posibilidad de ser dulce sobre la disposición
de los objetos. Afuera, nombres de
restaurantes desconocidos; añoro mis fideos picantes. En el supermercado olores de peces, algas, panes azucarados, vapor de comida caliente. El hotel con un extraño ascensor que chirría y
da miedo. Alrededor las caras desconocidas nos miran con curiosidad. El baño,
hueco en el piso. La ducha, cápsula extraña de chorros de agua caliente en la espalda.
La universidad Renmin gigante como un
monstruo rosado. “Prohibida cualquier manifestación religiosa”. Flotan tantos
rostros que ya no existen y se vuelven un río; nosotros somos la particularidad
que es observada. Ante la gran mirada no hay escondite, o quizá sí: el hotel, el caos, el romanticismo.
Ésta es, decimos, nuestra música.
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