El puente devorado por la
multitud. En la noche, el café caliente de abajo donde todo huele a pan y fruta y fresca; arriba, los discos y por encima de todo el
desorden, como siempre que existe la posibilidad de ser dulce sobre la disposición
de los objetos. Afuera, nombres de
restaurantes desconocidos; añoro mis fideos picantes. En el supermercado olores de peces, algas, panes azucarados, vapor de comida caliente. El hotel con un extraño ascensor que chirría y
da miedo. Alrededor las caras desconocidas nos miran con curiosidad. El baño,
hueco en el piso. La ducha, cápsula extraña de chorros de agua caliente en la espalda.
La universidad Renmin gigante como un
monstruo rosado. “Prohibida cualquier manifestación religiosa”. Flotan tantos
rostros que ya no existen y se vuelven un río; nosotros somos la particularidad
que es observada. Ante la gran mirada no hay escondite, o quizá sí: el hotel, el caos, el romanticismo.
Ésta es, decimos, nuestra música.
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