viernes, 27 de septiembre de 2013

Después del placer

¿Habrá algo más estridente, divertido y absurdo que el barrio Restrepo? No creo que haya otro lugar donde se encuentren mejores desayunos, en especial,  los humeantes pandebonos. Pero hablemos más bien de los edificios porque parece que no hubiera nada inalcanzable en sus ofertas; como los moteles con su especial retoque de rosados, morados, plateados y amarillos pollito; con sus puertas de media luna y sus típicos pinos en la entrada ¿Vegetación e invitación a la lujuria? Los nombres, cuyos temas rondan entre las brisas marinas y suaves, dominan el frente antes de ingresar a las calles comerciales donde se encuentra de todo. Me refiero a que si alguien necesita un par de zapatos, unas gafas, un vestido; o si de pronto, en medio del placer, se le despegó una muela o le dio un dolor de cabeza; a la vuelta encontrará las tiendas, la odontología y las EPS. Iglesias para el arrepentimiento, bancos, tiendas naturistas, restaurantes vegetarianos, asaderos de pollo, bares, venta de artículos de cuero; todo se extiende hacia el occidente de los moteles.

La imagen que más me causa risa de Restrepo y sus alrededores es la que veo cuando voy por la avenida Caracas hacia mi casa. Primero un motel iluminado con varios carros al frente, luego varias tiendas de lechona y por último, el aviso gigante en un muro que ocupa toda la cuadra: PROFAMILIA.

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