Ahora que nada existe
o quizá
la fila de atardeceres rota en el ir y venir
de pasos
aquí allá,
allá aquí
Ahora que nada existe
o de pronto solo los crisantemos viejos
la arena vacía al otro lado del puente
Ahora que no
sin embargo
enredado sobre el desnudo fondo
el negro silencio en tu sonrisa
la sonrisa en un negro silencio
abrazo devorado
envoltorio de luz
Tic, tac
Oh, cuánto he esperado
este detenerse del sol
frente a la estación de tren
este beberse a sí mismo del tiempoen una súbita fuga de luz
Publicado, según me contaron ya que no lo he visto, en el Magazín de El Espectador del 7 de agosto de 2013
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