domingo, 7 de abril de 2013

El amor a la pantalla

Fui consciente del hecho hace unos días, cuando comencé a desear leer antes de dormir para relajarme y olvidar mis días pesados, en los que dicto clase durante ocho o nueve horas, y si no dicto, debo pensar en mandarín o inglés. Necesitaba un párrafo de algo, cualquier cosa junto a mi  almohada, antes de internarme en el mundo de los sueños. Y justo cuando estaba arremolinada en las cobijas me percataba de algo: no tenía mis gafas. El filtro de cristal que últimamente se ha vuelto parte de mis ojos y  me acompaña día tras día, excepto los domingos en el gimnasio y por supuesto, mientras duermo.

En general, he sido una persona de desapegos con los objetos. Antes necesitaba  siempre una lámpara o una linterna porque temía a la oscuridad, pero el hecho de tener que depender de unas gafas me puso a pensar en lo tanto que podemos llegar a necesitar un objeto. Éstas, en mi caso, son una obligación:al tener que leer y escribir caracteres en el trabajo y como hobbies leer y escribir, mis pobres ojos se entregan al sufrimiento sin ellas.

Sin embargo, seguí pensando en como otros objetos se han vuelto ya tan nuestros que su eliminación nos supone una terrible carencia. Y uno de los principales, que en este momento estoy mirando, consiste en la pantalla, o más bien algo que posea una pantalla. Computador, celular, Ipad; como sea que se le llame; algunos necesitan tanto de ese objeto que ya nada llega si no es a través de él. No tenemos el número de celular de otros porque sabemos que los conseguiremos en facebook. Hay una aplicación para traducir si vemos una imagen en otro idioma, entonces quizá ya no sea tan necesario usar el cerebro. Y si nos perdemos, la GPS nos dirá como volver a encontrar el lugar. Si nos sentimos solos, podemos  abrir el chat y entablar cualquier conversación, así no tenga sentido. 

Me pregunto qué tanto nuestra mirada se ve afectada por una pantalla; si , por ejemplo cuando vemos el humano en carne y hueso,  recordamos la foto donde se veía "divino "en facebook. Mi generación, creo que gracias al hecho de estar en un limbo entre dos siglos, aun no es tan dependiente;sin embargo, cuando empecé a a dictar clase en un colegio privado y los adolescentes sacaron el Ipad para tomar apuntes, me empecé a preguntar qué pasaría si un día todo lo que tiene pantalla dejara de funcionar. Si nuestros órganos e incluso maneras de percibir el mundo se habrían vuelto tan relacionadas con estos objetos que entraríamos en una fuerte crisis existencial. 

He estado leyendo a Ray Bradbury; su novela "Farenheit 451" trata de un mundo en el que solo existen pantallas y música, diversiones y rapidez. Las personas han olvidado lo que es quedarse despierto para ver el amanecer y el olor de una flor. Sus sentidos están supeditados al olvido y a tener todo el tiempo unas conchas de caracol en los oídos que los adormecen con música pero no les permiten escuchar al otro. 

En Farenheit 451 no existen los libros porque no sirven para nada.Tampoco nadie se enamora o o a los pocos días olvida que se enamoró. 

La nostalgia me hace pensar en un panorama igual al que describe Bradbury. O quizá es solo mi fastidiosa dependencia actual de las gafas. O quizá esa sensación de que ya no tengo la libertad de caminar sola sin mirar ninguna pantalla y ninguna cámara que me mire. Es melancolía y de pronto, también,  envidia por aquellos a quienes les basta  la tierra que pisan  y una buena comida para ser felices. ¿Hemos olvidado lo primordial o seremos solo hombres grandiosos que lo son aun más si tienen varios cables colgando de sus manos y orejas? 

2 comentarios:

  1. ¿Pensarían lo mismo del papel en su momento?
    Yo ya prefiero leer en el Kindle que en libros de papel.
    Pienso muchas veces cosas como las que escribiste. Sin embargo, me da la impresión de que por ahí no es la respuesta.
    De pronto está en la comodidad de no tener que moverse de una silla para tener todo a la mano. La comodidad aturde.

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  2. Tienes razón. Más que la nostalgia romántica o y de pensar si es mejor el libro impreso o en pantalla; creo que lo importante es preguntarse como esas tecnologías afectan nuestras formas de vivir y ver el mundo. Sería bueno pensar si aparte de la necesidad de comodidad, quizá se afectan nuestras percepciones o simplemente dejamos a un lado ciertas habilidades que desarrollábamos anteriormente. Siendo la tecnología parte de la cultura, probablemente lo hace. Quizá a aquellos que nos detenemos a pensar no nos afecta tanto como a quienes simplemente la asimilan desde el principio; es el caso de los niños. Gracias por tu comentario y un saludo.

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