domingo, 14 de abril de 2013

Las dos Coreas y una sola


Durante los últimos días, después de Chávez y el Papa, el señor King Jong Um se volvió protagonista de los escándalos mediáticos.  La alarma y la inundación de artículos relacionados con el tema  eran tan grandes que hasta algunos estudiantes me preguntaron si pensaba en la posibilidad de una tercera guerra mundial. Incluso, en un medio,  publicaron lo que pasaría si en efecto el dictador norcoreano decidiera jugar a ser el duro y lanzar sus misiles. Ahora que el escándalo pasó un poco y podemos volver a pensar en lugar de barajar las posibilidades de una guerra sensacionalista y recrearnos en el amarillismo de imaginar bombardeos, la reflexión es la siguiente: los medios (como cosa rara) se olvidaron de los seres humanos. O solo se acordaron de uno: el líder King Jong Un, que como ya nos enteramos esta semana, es el cuarto hijo de King Jom Il, tiene entre veintiocho y treinta años y es en este momento el máximo mandatario y militar del país.

Me imaginó que ver su foto colgada en todos los diarios le causará al hombre una placentera sensación de poder. Será un poco menos si se ve caricaturizado, pero probablemente debe considerar la caricatura un género menor. Mientras tanto y detrás de él, invisibles, hay unos 74.230.285 personas entre las dos Coreas. Sí, los de Corea del Norte tienen lavado el cerebro. Desde pequeños se les inculca el odio a occidente y la mayoría de ellos pertenece al ejército. Los alimentos en su mayoría van para los militares mientras que el resto de la población muere de hambre. Y tienen, se dice, el cuarto ejército más grande del mundo, entrenado, se dice, para morir por su país. 

Corea del Sur, por otro lado, está más abajo, pero también tiene servicio militar obligatorio. Se convirtió una de las potencias económicas más poderosas del mundo (la 13ava por PIB), y uno de los países mejores comunicados y con mayor innovación tecnológica. Acerca de su gente, se sabe que son modernos, preocupados por la belleza y la imagen, inteligentes, amantes de los videojuegos y al parecer libres o al menos  parecen serlo más que los norcoreanos, que en términos de educación, tecnología y moda, se cree que viven en los años sesenta o menos.

Ahora debemos ver lo que tienen en común los seres humanos de las dos Coreas. Primero: Una sangre y cultura antigua común. Las dos recibieron en la antigüedad influencia de las filosofías chinas, las dos desarrollaron artesanía en bronce y en celadón igual o más hermosa que la china. Los jardines, la vestimenta y la deliciosa comida debe ser algo que tuvieron en común las dos Coreas cuando eran una sola tierra.
Otro aspecto que tienen en común, ya no tan agradable, fue la de ser víctimas de invasiones que acabaron y destruyeron la riqueza de su cultura. La última de estas fue origen de su actual división. Esto sucedió tras la Segunda Guerra Mundial cuando Estados Unidos y la en ese entonces Unión Soviética cogieron el pastel coreano y  lo partieron en dos. El Sur se volvió estadounidense  y capitalista y el norte soviético y  comunista.

El comunismo adicionalmente se volvió propaganda de liberación para crear una Corea unida. Corea del Norte intento invadir  al Sur en los años 50 cuando ésta había proclamado su “independencia” frente a Estados Unidos. La consecuencia: víctimas coreanas; chinas que apoyaban al norte y estadounidenses que apoyaban al sur.   Muchos coreanos del sur se pasaron al otro lado de la frontera cuando creyeron en el sueño de ser libres y de repente quedaron atrapados,  y así, en los dos lados, hay familias que se encuentran solo una vez al año en un hotel haber pedido un permiso especial a sus gobiernos. Familias que serían aniquiladas en caso de un bombardeo a Corea del Norte o del Sur. Seres humanos destruidos, así se hayan convertido en robots.

Una amiga coreana decía que le gustaría conocer norcoreanos, ya que para ella, más allá de aquel que los rigiera, tenían sus mismas raíces y su misma sangre. Decía que solo quería escucharlos.

Mientras nuestros medios juegan con una posible guerra, quizá muchos coreanos se consideran simplemente hermanos separados por invasiones y guerras. Pero que cayera el gran muro no le convendría ni al sistema comunista norcoreano, cuyos políticos ricos deben bañarse en oro,  ni tampoco al surcoreano capitalista que entraría en desestabilización por la pobreza del otro lado.

Por el bien de los seres que en uno y otro lado respiran  el aire de esta tierra espero, que King Jong Un, emocionado con la glorificación mediática cuando lanza sus amenazas, no se crea el cuento y lance sus misiles. Podríamos sorprendernos, pero aún hay personas  carentes de inteligencia política y militar, que podrían lanzar a sus esclavos como carnada, a matarse por estúpidos ideales en una guerra sin nombre.
  

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