Durante los últimos días, después
de Chávez y el Papa, el señor King Jong Um se volvió protagonista de los
escándalos mediáticos. La alarma y la
inundación de artículos relacionados con el tema eran tan grandes que hasta algunos
estudiantes me preguntaron si pensaba en la posibilidad de una tercera guerra
mundial. Incluso, en un medio,
publicaron lo que pasaría si en efecto el dictador norcoreano decidiera
jugar a ser el duro y lanzar sus misiles. Ahora que el escándalo pasó un poco y
podemos volver a pensar en lugar de barajar las posibilidades de una guerra
sensacionalista y recrearnos en el amarillismo de imaginar bombardeos, la
reflexión es la siguiente: los medios (como cosa rara) se olvidaron de los
seres humanos. O solo se acordaron de uno: el líder King Jong Un, que como ya
nos enteramos esta semana, es el cuarto hijo de King Jom Il, tiene entre
veintiocho y treinta años y es en este momento el máximo mandatario y militar
del país.
Me imaginó que ver su foto
colgada en todos los diarios le causará al hombre una placentera sensación de
poder. Será un poco menos si se ve caricaturizado, pero probablemente debe
considerar la caricatura un género menor. Mientras tanto y detrás de él,
invisibles, hay unos 74.230.285 personas entre las dos Coreas. Sí, los de Corea
del Norte tienen lavado el cerebro. Desde pequeños se les inculca el odio a
occidente y la mayoría de ellos pertenece al ejército. Los alimentos en su
mayoría van para los militares mientras que el resto de la población muere de
hambre. Y tienen, se dice, el cuarto ejército más grande del mundo, entrenado,
se dice, para morir por su país.
Corea del Sur, por otro lado,
está más abajo, pero también tiene servicio militar obligatorio. Se convirtió
una de las potencias económicas más poderosas del mundo (la 13ava por PIB), y
uno de los países mejores comunicados y con mayor innovación tecnológica.
Acerca de su gente, se sabe que son modernos, preocupados por la belleza y la
imagen, inteligentes, amantes de los videojuegos y al parecer libres o al
menos parecen serlo más que los
norcoreanos, que en términos de educación, tecnología y moda, se cree que viven
en los años sesenta o menos.
Ahora debemos ver lo que tienen
en común los seres humanos de las dos Coreas. Primero: Una sangre y cultura
antigua común. Las dos recibieron en la antigüedad influencia de las filosofías
chinas, las dos desarrollaron artesanía en bronce y en celadón igual o más
hermosa que la china. Los jardines, la vestimenta y la deliciosa comida debe
ser algo que tuvieron en común las dos Coreas cuando eran una sola tierra.
Otro aspecto que tienen en común,
ya no tan agradable, fue la de ser víctimas de invasiones que acabaron y
destruyeron la riqueza de su cultura. La última de estas fue origen de su
actual división. Esto sucedió tras la Segunda Guerra Mundial cuando Estados
Unidos y la en ese entonces Unión Soviética cogieron el pastel coreano y lo partieron en dos. El Sur se volvió
estadounidense y capitalista y el norte soviético
y comunista.
El comunismo adicionalmente se
volvió propaganda de liberación para crear una Corea unida. Corea del Norte intento
invadir al Sur en los años 50 cuando
ésta había proclamado su “independencia” frente a Estados Unidos. La
consecuencia: víctimas coreanas; chinas que apoyaban al norte y estadounidenses
que apoyaban al sur. Muchos coreanos
del sur se pasaron al otro lado de la frontera cuando creyeron en el sueño de
ser libres y de repente quedaron atrapados, y así, en los dos lados, hay familias que se
encuentran solo una vez al año en un hotel haber pedido un permiso especial a
sus gobiernos. Familias que serían aniquiladas en caso de un bombardeo a Corea
del Norte o del Sur. Seres humanos destruidos, así se hayan convertido en
robots.
Una amiga coreana decía que le
gustaría conocer norcoreanos, ya que para ella, más allá de aquel que los
rigiera, tenían sus mismas raíces y su misma sangre. Decía que solo quería
escucharlos.
Mientras nuestros medios juegan
con una posible guerra, quizá muchos coreanos se consideran simplemente
hermanos separados por invasiones y guerras. Pero que cayera el gran muro no le
convendría ni al sistema comunista norcoreano, cuyos políticos ricos deben
bañarse en oro, ni tampoco al surcoreano
capitalista que entraría en desestabilización por la pobreza del otro lado.
Por el bien de los seres que en
uno y otro lado respiran el aire de esta
tierra espero, que King Jong Un, emocionado con la glorificación mediática
cuando lanza sus amenazas, no se crea el cuento y lance sus misiles. Podríamos
sorprendernos, pero aún hay personas
carentes de inteligencia política y militar, que podrían lanzar a sus
esclavos como carnada, a matarse por estúpidos ideales en una guerra sin
nombre.
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