sábado, 2 de diciembre de 2017

Ciudades

Hay ciudades que observan
Sus mareas como si fueran ropa colgada
y ganchos de alambre

Hay ciudades infinitas
Con escaleras de triángulo que caben en eternos rincones de la mente

Hay ciudades hechas de mármol y púrpura
Tan señoriales que nadie puede penetrarlas
Aunque paseen por sus calles una y otra vez

Hay ciudades, gigantes solitarios
Con puentes de serpiente iluminada
Y trenes que no llevan a ningún lado

Hay ciudades que gritan ser rescatadas
Aunque nadie las mira porque ya no brillan
Nunca se ponen maquillaje… y eso no está permitido

Hay ciudades espejo
En las que nos miramos y nos asustamos de nosotros mismos
entonces,  decidimos bailar y tomar pastillas

Hay ciudades en las que nieva  siempre...
Y hay ciudades del alma
imposible derribarlas con  palabras
porque son eternamente propensas a una inundación

miércoles, 24 de mayo de 2017

Ángeles caídos: Fallen Angels de Wong Kar Wai





En el silencio de la noche, caminan los ángeles que parecen no tener rumbo. En sus juegos incesantes, en sus círculos de humo, en su fragilidad escondida tras la máscara de lo cruel, lo seductor, lo asesino. Toda realidad puede ser imaginada, pero ¿qué pasa con la mujer vive tras de los pasos de su socio, sin acercarse más a él, pero oliendo y fisgoneando cada objeto que deja a su paso? ¿O los juegos macabros de He Zhiwu que se apodera de los negocios y obliga a los clientes a consumir?

Al ver las películas de Wong Kar Wai, no puedo evitar soñar con Hong Kong, aunque la ciudad que vemos allí es de una belleza triste, arrasada en la velocidad de la noche por la imposibilidad de la comunicación, por unas vidas fragmentadas cuyos encuentros son solo un grito inútil en lo interminable de las  calles que se separan y se unen por los destellos repentinos de las luces en la penumbra.

Las películas de Wong Kar Wai son la poesía de lo no dicho, de la velocidad que puede ser a la vez  un instante lento e infinito. Siempre el problema del tiempo y del espacio en los múltiples instantes para los que basta  más un gesto que una palabra: un baile de ángeles caídos que anhelan el contacto, tras la espalda de un amante en la autopista,  o ver la mirada de su padre en una pantalla.

Cuando vaya a Hong Kong, caminaré por ella escuchando el soundtrack de esta película... junto a las otras de Wong Kar Wai. ¿Ya dije que amo a este director?

Karmacoma, Massive Attack

Only you: Que me devolvió a la versión de los años 80s, cantada por The Flying Pickets

Go away from my world, Marianne Faithfull

Speak my language, Laurie Anderson

Wangji ta, James Wong

Aquí la lista del Soundtrack: https://www.youtube.com/watch?v=Ol_XDBdEm0M&list=PL540nWhD207kCBMF9LB-8ZynoyWCl9RQY



viernes, 7 de abril de 2017

Crónica de sonidos del 20 de julio: I


  • A veces uno no sabe si comienza la madrugada o se encuentra bien entrada la noche; los carros llegan como ladrones del sueño, al principio sigilosos, irrumpen de pronto bajo nuestros párpados y se insertan en los tejidos del alma, abrazando el múltiple abanico de posibilidades del cuerpo que flota arropado en las cobijas de su mundo inconsciente. En especial, el carro de la basura, ese gran monstruo que devora nuestros delirios dulces. Hay un parqueadero junto a la casa.
  • Construcción, construcciones por todas partes: ruidos como de pesadeces que alguien mueve de un lado a otro, y esa fresa gigante que molesta en los oídos. Máquinas todas, desconocidas para mí porque no logro verlas al escuchar sus ruidos y lo único que hago es tratar de imaginarlas.
  • La lluvia, la lluvia, esos pasos afanados sobre el tejado. Y uno queriendo refugiarse dentro del propio corazón de su cuarto, y se consuela escuchando Singing in the rain, mientras piensa en la gente que trabaja en oficinas y toma el Transmilenio en las madrugadas lluviosas. La tormenta, cuando llega, ya no es como pasos afanados, sino las manos recias de un baterista que juega con los miedos alojados en nuestras cabezas.
  • Cuando uno está solo, las peleas de gatos le duelen en la columna vertebral; ese irrumpir chillón a las nueve de la noche sobre el techo, mientras uno trata de tomar su avena nocturna y recapitular el día. Pero cuando está acompañado, se ríe de los gatos y continúa hablando de otros temas.
  • Al abrir y cerrar el pasador de la puerta que da a la cocina, sobre las escaleras, se escucha, en el segundo piso de una casa cercana, invariable, a un perro de ladrar ronco, digo ronco, porque los perros grandes ladran ronco, al estilo Tom Waits, mientras los pequeños ladran en soprano. Hay otro perro que se escucha en la calle, pero su ladrar es el de un Charlie Parker con gripa, es decir, en absoluta desesperación. He pensado que sería adecuado darle jengibre con miel. Ladra entre las ocho y las once de la noche, o al menos, lo he escuchado irritado hasta que me quedo dormida.
  • Al llegar la noche, suenan las voces de personas que animan a alguien en un partido, y en el día, en ese mismo colegio que posee una cancha de fútbol, las voces de los niños llenan el aire. Las campanas de la iglesia se mezclan con las ovaciones emocionadas al ritmo de una música muy animada de una iglesia cristiana. Las voces de mujeres son las más apasionadas y cuando paso al frente de la iglesia, las veo bailar.
  • La madrugada suena a lluvia fina, como lentejitas desgranándose en el techo, en un silencio cortado por los carros y la gente que pasa frente al cuarto, con sus dramas contados a la mitad, mientras corren para su estudio o trabajo.

martes, 29 de octubre de 2013

Lo ácido

Despertarse con dolor en el pecho y no saber si es la gripa o la circulación o la tristeza o todo al mismo tiempo.

Qué quien escucha no lo haga hasta el final sino que arme su propia versión de acuerdo a aquello que imagina antes de haber escuchado.

Querer estar solo o con alguien que pueda vivir la soledad junto a uno y sin embargo verse rodeado de gente, comentarios e historias cliché. Mostrar la máscara social mientras se quiere estar solo.

Amar demasiado y recibir una sonrisa cada varios días.

Creer que hay un puente para llegar a alguien. Cruzarlo con expectativa para encontrar a ese alguien mirando hacia otro lado.

Olvidar la letra de una canción en el momento menos propicio

Crear el poema más hermoso del mundo mientras va uno en Transmilenio y luego olvidarlo en el momento de querer escribirlo.

Llegar de un viaje y que el recibimiento sea un: te estaba esperando para que ayudaras a sacar la basura.

Esperar un hermoso amor durante un año para que luego se vuelva un final tranquilo y aburrido












sábado, 28 de septiembre de 2013

El encanto de las notas

Un amigo me decía que los niños chinos deben empezar a escribir un diario a eso de los cuatro años. O al menos, así lo tuvo que empezar a hacer su hijo, mitad chino, mitad colombiano; aunque nacido en China.
Pareciera que ese país  sigue siendo más una cultura escrita a pesar de que el mandarín ya es obligatorio. Antes, "tocaba escribir o escribir para entenderse entre provincias", me decía el papá de una amiga que emigró de Cantón a Beijing. Otra anécdota que me contaron es la de un funcionario de la Embajada de México que decidió salir solo en su carro y perdió el camino del lugar a donde iba. Intentó preguntarle a un hombre chino que montaba en bicicleta; este lo único que hizo fue escribir algo en un papel, entregárselo e irse. El funcionario,desilusionado,  decidió volver a la embajada. Cuando alguien le tradujo los caracteres del papel, resulta que decían algo así : Querido y apreciado extranjero: iré a buscar a alguien que lo pueda ayudar mejor que yo. Le pido que por favor tenga la amabilidad de esperarme.
Todo este rodeo lo he dado solo para hablar de la escritura, no como periodismo o mejor dicho, no como escritura publicable,  sino la escritura de notas para uno mismo o para otros,  sin ningún fin económico. Recuerdo que una vez fui a la exposición de un artista argentino cuyas obras fascinantes estaban compuestas por pedazos de notas escritas, esas que se hacen casualmente en cualquier lugar, en la mano o en la parte de atrás de un cuaderno.
El otro día me di cuenta de que la mitad de la biblioteca familiar (mi mamá y yo) está compuesta por notas. Notas de las que a veces no nos queremos deshacer.
Mi abuela fue la primera persona que me enseñó a escribir a los cuatro años en letra cursiva. Cuando falleció, encontré muchas notas cotidianas relacionadas con diversos asuntos familiares. Y en otros cuadernos, los teléfonos de sus amigos con quienes se mantenía en contacto estrecho. Guardé una de ellos, por pura nostalgia.
Yo antes acostumbraba a ser más estricta con mis diarios: uno para las experiencias tipo "conocí a mi príncipe azul", otro para los apuntes de citas tomadas de libros, otro para intentos de cuentos, poemas, otro para periodismo, otro para el viaje, etcétera. Y cuando se me perdía uno de ellos podía verme a punto de enloquecer porque a cada uno debía pertenecer un cierto tipo de escritura.
Últimamente, aunque todavía estoy obsesionada por cierto orden en mi cerebro, he descubierto que la magia de los cuadernos y libretas es transformarse. ¿Por qué no pasar de los apuntes personales al apunte tomado de una revista y de ahí a cualquier palabra que se escuchó en la calle?  Tengo también uno de dibujos con cuentos cortos que se convirtió en sede de poemas mediocres. El diario de apuntes personales lo conservo aun, pero de vez en cuando paso del español al chino, así varía un poco.
Cuando estuve en China lleve un diario y hojas de notas. Antes de regresar, duré noches enteras transcribiendo papelitos que solo me servirían a mí después. Especialmente, cuando me despierto de mal humor, busco mi diario y evoco la sensación de la mañana allí o me río con un chiste que alguien me contó un día y quedó registrado.
He escrito pocas notas pfísicas para otros, quizá para aquellos con quienes he mantenido una estrecha amistad o de quienes me he enamorado en algún momento de mi vida.
Las notas tienen otra cosa y es que se van desechando y van volviendo. Un día las miramos con amor y otro día se van directo a la caneca de la basura.
Lo que puedo decir es que he podido despegarme de personas, libros y lugares; pero no de muchas de mis notas, consuelo en la soledad y a la vez mi posible perdición porque ¿no debería uno vivir del todo en vez de robarle un pedazo a la vida  para convertirla en palabras y evocaciones?

"He leído con frecuencia que las palabras traicionan al pensamiento, pero me parece que las palabras escritas lo traicionan todavía más".Yourcenar en Alexis o el tratado del inútil combate.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Después del placer

¿Habrá algo más estridente, divertido y absurdo que el barrio Restrepo? No creo que haya otro lugar donde se encuentren mejores desayunos, en especial,  los humeantes pandebonos. Pero hablemos más bien de los edificios porque parece que no hubiera nada inalcanzable en sus ofertas; como los moteles con su especial retoque de rosados, morados, plateados y amarillos pollito; con sus puertas de media luna y sus típicos pinos en la entrada ¿Vegetación e invitación a la lujuria? Los nombres, cuyos temas rondan entre las brisas marinas y suaves, dominan el frente antes de ingresar a las calles comerciales donde se encuentra de todo. Me refiero a que si alguien necesita un par de zapatos, unas gafas, un vestido; o si de pronto, en medio del placer, se le despegó una muela o le dio un dolor de cabeza; a la vuelta encontrará las tiendas, la odontología y las EPS. Iglesias para el arrepentimiento, bancos, tiendas naturistas, restaurantes vegetarianos, asaderos de pollo, bares, venta de artículos de cuero; todo se extiende hacia el occidente de los moteles.

La imagen que más me causa risa de Restrepo y sus alrededores es la que veo cuando voy por la avenida Caracas hacia mi casa. Primero un motel iluminado con varios carros al frente, luego varias tiendas de lechona y por último, el aviso gigante en un muro que ocupa toda la cuadra: PROFAMILIA.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Los que un día entraron

A la hora que podemos llamar noche (no gozamos de la estación de verano hasta las doce) la oscuridad invasiva deja a los pasajeros acurrucados sobre las sillas como niños; cabecean en sus inmensas soledades y pesadillas de cansancio. Y en medio de la confusa bruma en que nos sumergimos quienes despedimos el día y cuyas esperanzas residen por completo en una almohada caliente; aparecen unos hombres de jeans y camisa, con los pantalones caídos, a veces; con las gorras ladeadas, de pronto; y  con equipos de sonido en las manos, nos obligan a dejar la somnolencia y el libro y nos sumergen en su rap hecho de trozos de TLC, Jesucristo,  sonrisa, el dinero no lo es todo, paras, falta de educación, vicios regenerados, calles a las que volvió la luz, explotación y miseria.
Prefiero todavía, la improvisación reposada, aquella que toma las noticias del día y las vuelve música, al tiempo que intercala diálogos con nosotros, los ya sonámbulos alegres de la negrura bogotana.

Prefiero todavía cuando sube una pareja; el contraste de sus voces me saca de la introversión de mis libros.

Prefiero todavía, escuchar sin escucharlos, y más bien volver a reconocerme en las caras de los hermosos semidormidos del Transmilenio.


Entonces uno saca tantas  monedas y las puertas se abren y los chicos de jeans desaparecen mientras cada uno de nosotros vuelve a poner los ojos en su punto fijo; mientras con el movimiento,  el tiempo avanza o retrocede y cada uno de estos seres se vuelve un cualquiera, un rapero más que subió un día y desaparecerá en algún recoveco de la propia memoria.