sábado, 31 de agosto de 2013

Escritura

Al principio, tendí a creer que lo profundo nacía de la mente; razonamientos y laberintos;  la libertad de las palabras era un cúmulo de ideas apretujadas que debían encajar y expresarse de manera sostenida y hábil.

Luego, la muerte de  todo lo que creía ser,  me pegó una sacudida tan fuerte que al principio la comparé con una avalancha.

El dolor y alivio de ver a mi abuela en un ataúd (cuando murió mi padre nunca vi su cadáver y a menudo tuve malos sueños con eso), me condujo a  la música,el tango, sobre todo,  y el placer de la lentitud del cuerpo. No  el placer de la soledad de la mente que piensa sino del cuerpo en soledad, no que razona o siente, sino que es. Por qué las manos, por qué la espalda adoptando tal postura, por qué el cuello,se han convertido en preguntas más importantes que cualquiera sobre como mejorar el mundo.

Aunque quizá sea demasiado prematuro decirlo,  las palabras, como brotes en la tierra que ha dejado una avalancha, encuentran raíces. Solo volviendo al cuerpo que es otro y es él mismo he vuelto a encontrarme con un mundo que parecía desértico debido a ese algo que se vuelve irrecuperable; ya nada será,  aunque  todavía algo se gesta, a paso de tortuga, pero firme.

A veces cierro los ojos y escucho, solo escucho. No es que no exista la nostalgia, pero al menos ya hay donde alojarla.

Es entonces cuando elijo, sobre lo demás, el camino interior.

"Fue mi cuerpo el que me proporcionó las primeras alegrías.Recuerdo la belleza casi sagrada del pan, el humilde rayo de sol que me calentaba la cara y el vértigo que me causó la vida" Dice Marguerite Yourcenar en  Alexis o el tratado del inútil combate. 



domingo, 11 de agosto de 2013

Ilusión o vacío

Ahora que nada existe
o quizá
la fila de atardeceres rota en el ir y venir de pasos
aquí allá,  allá aquí
Ahora que nada existe
o de pronto solo los crisantemos viejos
la arena vacía al otro lado del puente
Ahora que no
sin embargo
enredado sobre el desnudo fondo
el negro silencio en tu sonrisa
la sonrisa en un negro silencio
abrazo devorado
envoltorio de luz
Tic, tac

Oh, cuánto he esperado
este detenerse del sol
frente a la estación de tren
este beberse a sí mismo del tiempo
en una súbita fuga de luz


Publicado, según me contaron ya que no lo he visto, en el Magazín de El Espectador del 7 de agosto de 2013

sábado, 3 de agosto de 2013

Suzhoujie

El puente devorado por la multitud. En la noche, el café caliente de abajo donde todo huele a pan y fruta y fresca; arriba, los discos y por encima de todo el desorden, como siempre que existe la posibilidad de ser dulce sobre la disposición de los objetos.  Afuera, nombres de restaurantes desconocidos; añoro mis fideos picantes. En el supermercado olores de peces, algas, panes azucarados, vapor de comida caliente.  El hotel con un extraño ascensor que chirría y da miedo. Alrededor las caras desconocidas nos miran con curiosidad. El baño, hueco en el piso. La ducha, cápsula extraña de chorros de agua caliente en la espalda. La universidad Renmin  gigante como un monstruo rosado. “Prohibida cualquier manifestación religiosa”. Flotan tantos rostros que ya no existen y se vuelven un río; nosotros somos la particularidad que es observada. Ante la gran mirada no hay escondite, o quizá sí: el hotel, el caos, el romanticismo.  


Ésta es, decimos, nuestra música.