domingo, 12 de mayo de 2013

Chocolate y mariposas


“Oh it seems to me, can't turn back the hands of time/
Seems to me, history was left behind

Era  aire hecho de humo, de chocolate y a veces de  humedad escondida, como cuando alguien acaba de ducharse. Era olor profundo a  tortilla española o espárragos pasados a la sartén y revueltos con huevo. Era un silencio suspendido donde colgaban las mariposas y objetos mágicos: un sari anaranjado de la india lleno de brillantes, que se convertía en uno y miles de trajes,  un dibujo puesto al azar sobre la cama o unos cojines pequeños de colores en los que se podía acomodar fácilmente y escuchar Oh my love de John Lennon, para así ensoñarse y demorarse en la nostalgia y la ilusión;  éstas más sencillas y hermosas que el mundo real. Era una cama cómoda con almohadas blancas, en la que podíamos caber muchos sin que nada importara. Alimentaban las conversaciones que volaban sobre una y otra cosa, sobre hacer y crear, sobre historia o más bien las historias de guerras sin paz, sobre Europa, China y Colombia; y sobre hombres y mujeres.Era un universo de palabras y abrazos; quedaba casi imposible salir de su encanto. Allí tuve conversaciones y miré películas de niñas. Allí tomé chocolate comprado en el supermercado de abajo, con galleticas traídas por Saddam. Y allí escuché una y muchas veces las bandas sonoras de Amelie y también  Pink Floyd y  de Groove Armada Hands of time. Fue donde terminé de pasar la madrugada de la fiesta de mi cumpleaños, escuchando canciones de John Lee Hooker.  

Era un arrullo tan dulce que a veces prefería huir para no quedar atrapada en él. Ser consentida y malcriada por mis amigos parecía no ser muy bueno a veces.  Mala elección. Porque ahora, con el corazón en pedazos,  daría lo que fuera  por volver al cuarto de mi amiga María en China. Al chocolate y los abrazos y las mariposas. En un día, olvidaría todo lo demás. 

Por ahora,  cierro un momento los ojos y vuelvo a ese arrullo lejano. 

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