Un amigo me decía que los niños chinos deben empezar a escribir un diario a eso de los cuatro años. O al menos, así lo tuvo que empezar a hacer su hijo, mitad chino, mitad colombiano; aunque nacido en China.
Pareciera que ese país sigue siendo más una cultura escrita a pesar de que el mandarín ya es obligatorio. Antes, "tocaba escribir o escribir para entenderse entre provincias", me decía el papá de una amiga que emigró de Cantón a Beijing. Otra anécdota que me contaron es la de un funcionario de la Embajada de México que decidió salir solo en su carro y perdió el camino del lugar a donde iba. Intentó preguntarle a un hombre chino que montaba en bicicleta; este lo único que hizo fue escribir algo en un papel, entregárselo e irse. El funcionario,desilusionado, decidió volver a la embajada. Cuando alguien le tradujo los caracteres del papel, resulta que decían algo así : Querido y apreciado extranjero: iré a buscar a alguien que lo pueda ayudar mejor que yo. Le pido que por favor tenga la amabilidad de esperarme.
Todo este rodeo lo he dado solo para hablar de la escritura, no como periodismo o mejor dicho, no como escritura publicable, sino la escritura de notas para uno mismo o para otros, sin ningún fin económico. Recuerdo que una vez fui a la exposición de un artista argentino cuyas obras fascinantes estaban compuestas por pedazos de notas escritas, esas que se hacen casualmente en cualquier lugar, en la mano o en la parte de atrás de un cuaderno.
El otro día me di cuenta de que la mitad de la biblioteca familiar (mi mamá y yo) está compuesta por notas. Notas de las que a veces no nos queremos deshacer.
Mi abuela fue la primera persona que me enseñó a escribir a los cuatro años en letra cursiva. Cuando falleció, encontré muchas notas cotidianas relacionadas con diversos asuntos familiares. Y en otros cuadernos, los teléfonos de sus amigos con quienes se mantenía en contacto estrecho. Guardé una de ellos, por pura nostalgia.
Mi abuela fue la primera persona que me enseñó a escribir a los cuatro años en letra cursiva. Cuando falleció, encontré muchas notas cotidianas relacionadas con diversos asuntos familiares. Y en otros cuadernos, los teléfonos de sus amigos con quienes se mantenía en contacto estrecho. Guardé una de ellos, por pura nostalgia.
Yo antes acostumbraba a ser más estricta con mis diarios: uno para las experiencias tipo "conocí a mi príncipe azul", otro para los apuntes de citas tomadas de libros, otro para intentos de cuentos, poemas, otro para periodismo, otro para el viaje, etcétera. Y cuando se me perdía uno de ellos podía verme a punto de enloquecer porque a cada uno debía pertenecer un cierto tipo de escritura.
Últimamente, aunque todavía estoy obsesionada por cierto orden en mi cerebro, he descubierto que la magia de los cuadernos y libretas es transformarse. ¿Por qué no pasar de los apuntes personales al apunte tomado de una revista y de ahí a cualquier palabra que se escuchó en la calle? Tengo también uno de dibujos con cuentos cortos que se convirtió en sede de poemas mediocres. El diario de apuntes personales lo conservo aun, pero de vez en cuando paso del español al chino, así varía un poco.
Cuando estuve en China lleve un diario y hojas de notas. Antes de regresar, duré noches enteras transcribiendo papelitos que solo me servirían a mí después. Especialmente, cuando me despierto de mal humor, busco mi diario y evoco la sensación de la mañana allí o me río con un chiste que alguien me contó un día y quedó registrado.
He escrito pocas notas pfísicas para otros, quizá para aquellos con quienes he mantenido una estrecha amistad o de quienes me he enamorado en algún momento de mi vida.
Las notas tienen otra cosa y es que se van desechando y van volviendo. Un día las miramos con amor y otro día se van directo a la caneca de la basura.
Lo que puedo decir es que he podido despegarme de personas, libros y lugares; pero no de muchas de mis notas, consuelo en la soledad y a la vez mi posible perdición porque ¿no debería uno vivir del todo en vez de robarle un pedazo a la vida para convertirla en palabras y evocaciones?
"He leído con frecuencia que las palabras traicionan al pensamiento, pero me parece que las palabras escritas lo traicionan todavía más".Yourcenar en Alexis o el tratado del inútil combate.