En una tarde de lluvia y pereza
bogotana como ésta, lo ideal al menos para mí sería estar echada en cama leyendo un buen libro y bebiendo una taza
de chocolate. Como todos estos días han
sido igual de lluviosos e incitan a querer leer eternamente dentro de las
cobijas sin hacer nada más, me puse a pensar en cuales serían los diez libros
que elegiría para tener junto a mi almohada; esto es: para los días lluviosos,
para antes de dormir y quizá, antes de entregarme al sueño inmenso de la muerte.
Por supuesto los “Top diez” no son muy agradables, y más si se trata de libros.
Con el paso de los años, uno puede cambiar de opinión, y sucede más en mi caso,
por el hecho no haber leído suficientes clásicos y carecer de una buena
formación literaria. Sin embargo, como en una librería vi últimamente que entre los
más leídos estaban “Cincuenta sombras de Grey” y “No hay causa perdida” de
Uribe, haré el ejercicio de elaborar una lista variopinta solo para rebelarme
contra los gustos de la mayoría colombiana:
De Marguerite Yourcenar Cuentos
orientales para volver a las visiones de
una escritora que, aun teniendo formación literaria occidental, amaba y entendía
la filosofía de un oriente rico en sus mitos y antigua belleza.
De Fedor Dostoievski “Los
hermanos Kamarazov”, y así antes de dormir poder recordar como los sentimientos
más oscuros arrastran a los hombres y como en las tentaciones descritas por la
Biblia se refleja la historia de una humanidad que prefiere arrodillarse ante el pan antes de
mantener la integridad del espíritu.
De Ray Bradbury “Las máquinas de
la alegría”; al despertarme leería el comienzo del relato “Las vacaciones.
De Tolstoi Ana Karenina, para
volver a creer en la libertad del amor y al mismo tiempo desilusionarme en las
cárceles creadas por los hombres alrededor de él.
En poesía a Pessoa y ojalá que siempre
al abrir el libro al azar apareciera “Un soir a Lima”.
De ilustración La chica de polvo
(Jung Yumi). Me alegra tenerlo junto a mí para evocar cada día la experiencia de la soledad y el volver
encontrarse a sí mismo una y muchas veces.
De Yasunari Kawabata Historias en
la Palma de la mano para asir con fuerza una o dos de sus frases llenas imágenes,
el alimento perfecto antes de cerrar los ojos y entregarse a soñar.
De Lin Yutang Amor e ironía, esa
hermosa colección de ensayos donde se combinan la fuerza de la escritura y un delicioso y
refinado sentido del humor.
De Virginia Woolf Las Olas para
dejarme llevar por la poesía de los reflejos de la luz sobre el mar, mientras esos amigos que se conocen desde la
infancia van creciendo en sueños y en penas. Todo y nada sucede.
Por último de Sei Shonagon El
Libro de la Almohada. Un solo párrafo de su diario resume matices y sensaciones
tan exquisitas que reviven en nosotros el color de la vida.
Y ustedes, ¿qué libros
preferirían junto a su almohada?