Hay momentos en que
somos palabras, y hay otros en que las palabras se acaban para dar paso
al movimiento. Quizá, a veces el movimiento pueda estar unido a las palabras,
pero pienso que quien no se ha entregado al movimiento no puede hablar de la
sensación de libertad en este. Una vez acabado, vuelven a rondar las palabras
dentro de la cabeza, engañosas y muchas veces repetitivas.
Un día traté de
explicar junto a mi profesora del tango lo que se sentía en el baile. Tratamos
de describirlo como un arrullo, como un instante que precedía a los instantes o
como una meditación, quizá, pero cualquier descripción terminaría por ser
como una hoja seca que contiene la esencia del árbol; mas no toda la belleza
del instante en que esa hoja surgió, llena de vida y color.
Cuando digo que bailo
tango, muchos lo asocian con el show del tango, en el que la mujer es lanzada
al otro lado de la pista y hace muchos adornos mostrando sus piernas. Por
supuesto, los shows existen, y son hermosos. He grabado varios de ellos tras
acudir a mis clases. Pero no es esa la cuestión del tango, no, al menos para
mí, alguien cuyo arte es escribir y va a tango porque recuerda que no todo son
palabras y la escritura se nutre dolorosa, sabia y consciencialmente de la vida. Y que el
tango podría ser también una metáfora de la vida.
En el tango, tenemos
aprender a caminar solos para caminar junto al otro, y luego, cuando estamos
junto al otro, hay que buscar las formas de estar sin recargarse en él, pero
disfrutándolo en la sutil compañía de una danza que precede a otro
encuentro. También, como en la vida y la escritura, hay base pero también
improvisación. Damos el primer paso y trazamos la primera línea para
abrir un universo o una nueva historia que puede terminar en breve o abrir
nuevas puertas.
En lo personal, el
tango ha sido un descubrimiento en los terrenos del cuerpo y del color de las
sensaciones y las emociones: una forma de resiliencia. Sus variantes infinitas
me han mostrado de mí misma aquello que no muestra el propio espejo de los
miedos, porque bailar abrazado al otro no es tan sencillo como podríamos
imaginarlo, teniendo en cuenta nuestros prejuicios de adultos. Y si lo vivimos,
como es mi caso, con la lentitud de alguien que no bailaba mucho, el tango se
vuelve poco a poco parte de la forma en que somos en el mundo, si es que
deseamos bailar y vivir mejor.
Para terminar, un
vídeo de entrevista a Gloria Inés Varo y Rodolfo Dinzel acerca del tango y el
Sistema Dinzel, el método con el que comencé a aprender en la Fundación Piazzolla: https://www.youtube.com/watch?v=HoDtaIYI9zE