miércoles, 4 de abril de 2018

Ese dulce arrullo vivido...

Hay momentos en que somos palabras, y hay otros en que  las palabras se acaban para dar paso al movimiento. Quizá, a veces el movimiento pueda estar unido a las palabras, pero pienso que quien no se ha entregado al movimiento no puede hablar de la sensación de libertad en este. Una vez acabado, vuelven a rondar las palabras dentro de la cabeza, engañosas y muchas veces repetitivas.

Un día traté de explicar junto a mi profesora del tango lo que se sentía en el baile. Tratamos de describirlo como un arrullo, como un instante que precedía a los instantes o como una meditación, quizá,  pero cualquier descripción terminaría por ser como una hoja seca que contiene la esencia del árbol; mas no toda la belleza del instante en que esa hoja surgió, llena de vida y color.

Cuando digo que bailo tango, muchos lo asocian con el show del tango, en el que la mujer es lanzada al otro lado de la pista y hace muchos adornos mostrando sus piernas. Por supuesto, los shows existen, y son hermosos. He grabado varios de ellos tras acudir a mis clases. Pero no es esa la cuestión del tango, no, al menos para mí, alguien cuyo arte es escribir y va a tango porque recuerda que no todo son palabras y  la escritura se nutre dolorosa, sabia  y consciencialmente de la vida. Y que el tango podría ser también una metáfora de la vida.

En el tango, tenemos  aprender a caminar solos para caminar junto al otro, y luego,  cuando estamos junto al otro, hay que buscar las formas de estar sin recargarse en él, pero disfrutándolo  en la sutil compañía de una danza que precede a otro encuentro. También, como en la vida y la escritura, hay base pero también improvisación. Damos el primer paso y trazamos  la primera línea para abrir un universo o una nueva historia que puede terminar en breve o abrir nuevas puertas.

En lo personal, el tango ha sido un descubrimiento en los terrenos del cuerpo y del color de las sensaciones y las emociones: una forma de resiliencia. Sus variantes infinitas me han mostrado de mí misma aquello que no muestra el propio espejo de los miedos,  porque bailar abrazado al otro no es tan sencillo como podríamos imaginarlo, teniendo en cuenta nuestros prejuicios de adultos. Y si lo vivimos, como es mi caso, con la lentitud de alguien que no bailaba mucho, el tango se vuelve poco a poco parte de la forma en que somos en el mundo, si es que deseamos bailar y vivir mejor. 

Para terminar, un vídeo de entrevista a Gloria Inés Varo y Rodolfo Dinzel acerca del tango y el Sistema Dinzel, el método con el que comencé a aprender en la Fundación Piazzolla:https://www.youtube.com/watch?v=HoDtaIYI9zE